Once, upon a time

Estrellarse en la noche. Es como se siente. El vértigo de esa caída pronunciada, ese tiempo que se despereza y de golpe se agita. El revoltijo del tiempo/espacio, los dolores, la noche, el momento exacto en que las estrellas son líneas cuyo centro, cuya meta inalcanzable es el vacío.

Estas noches, esas noches, donde en un parpadeo caben todas las circunstancias, los gestos, las personas, los roces, las miradas y las preguntas, desperdigadas entre un vaso hundido de ron, pseudo música y la abominable exageración de la moda, confundida en flequillos y harapos coloridos.

Ese es el perfecto momento, los ojos que encuentran por última vez a sus pares, la luz roja, azul, luego verde, que destiñe los cuerpos. Otra vez será recordar y olvidar, casi en el acto, el recuerdo, una forma del olvido. Imperfectos, por ende únicos.

Una mirada que no va a poder (aunque se esfuerce) decir más que «hola, hasta siempre». Esos son los ojos en los que quisiera demorarme, de los que el tiempo, agitado, me aparta. Dormir un rato en esa mirada, perderlo todo por un instante más, un grano de arena rodando apenas en la brisa.

Pero claro, apenas asomar mis ojos, me encontré atrapado en este rectángulo de luz, preguntándome cómo, y sobre todo, por qué.

Notes
  1. nicolasprieto posted this

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